Bajo este techo espero…
hay tormenta, no aquella de nubes grises
y cielo encapotado.
No la de relámpagos fantasmales,
ni truenos que desencadenan iras.
Es una tormenta de aislados sentimientos,
esfumados, dispersos,
frágiles, indefensos.
Sentimientos que colapsan en mi pecho,
que se funden y se esparcen,
regresan y se pierden.
Agradezco que encontré este techo,
de paciencia y esperanza.
Tú, mi sol… no te asomas.
La tormenta no cesa.





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